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Las emisiones a la atmósfera se asocian normalmente con procesos como la combustión, el almacenamiento de materiales y otros procesos específicos de la industria, y pueden proceder de:

  • Fuentes fijas: Son fuentes de emisiones discretas, estacionarias e identificables (como una chimenea o conducto de ventilación específico, u otros puntos discretos de emisiones) que liberan contaminantes a la atmósfera. Se hallan situadas habitualmente en fábricas o plantas de producción. Las fuentes fijas se caracterizan por ser emisoras de contaminantes generalmente asociados con la combustión de combustibles fósiles como óxidos de nitrógeno (NOx), dióxido de azufre (SO2), monóxido de carbono (CO) y partículas sólidas (PS), así como con otros contaminantes atmosféricos, entre ellos, ciertos compuestos orgánicos volátiles (COV) y metales también asociados a una amplia gama de actividades industriales.
  • Fuentes fugitivas: Son emisiones distribuidas espacialmente en zonas amplias y proceden de operaciones en las que los escapes no se canalizan a través de chimeneas. Las emisiones fugitivas tienen un potencial de impacto terrestre por unidad mucho mayor que las emisiones de origen fijo, puesto que su descarga y dispersión se produce cerca de la tierra. Los dos tipos principales de emisiones fugitivas son los COV y las PS. Otros contaminantes (NOx, SO2 y CO) están asociados principalmente a los procesos de combustión destinados a generar energía eléctrica o mecánica, vapor y calor.
  • Fuentes móviles: Son las emisiones asociadas con el uso de vehículos e incluyen CO, NOx, SO2, PS y COV. Las emisiones pueden reducirse mediante la implantación de un plan periódico de reparación y mantenimiento de vehículos, la formación de los conductores acerca de las ventajas de las prácticas de conducción de vehículos que reducen tanto el riesgo de accidentes como el consumo de combustible, la sustitución de los vehículos antiguos por alternativas modernas con mayor control energético, la adaptación a combustibles más limpios y la instalación de dispositivos de control de emisiones como los convertidores catalíticos.

Un cliente/destinatario de inversiones debe hacer una estimación y un seguimiento de las emisiones a la atmósfera asociadas con las operaciones a través de evaluaciones cualitativas o cuantitativas y modelos de dispersión atmosférica para calcular los niveles de concentración terrestre y los impactos ambientales. Con respecto a la instalación, las emisiones a la atmósfera no pueden generar concentraciones de contaminantes que superen los criterios de calidad del aire ambiente fijados por las autoridades nacionales, lo que acarrearía sanciones y/o penas si las concentraciones violan la legislación nacional. Las concentraciones de contaminantes también se pueden comparar con las mejores prácticas y normas internacionales con el fin de identificar cualquier desviación que pudiera indicar un mal desempeño de una operación. Entre las emisiones a la atmósfera motivo de preocupación se encuentran normalmente las siguientes:

  • Compuestos orgánicos volátiles (COV): Las emisiones de COV se asocian con las actividades industriales que generan, almacenan y utilizan líquidos o gases que contienen COV, en particular cuando los materiales se encuentran bajo presión. Entre las fuentes habituales están las fugas en los equipos (válvulas, conexiones y empalmes), cubas abiertas y tanques de mezcla, tanques de almacenamiento, operaciones de unidades en sistemas de tratamiento de aguas residuales y escapes accidentales. Las emisiones se pueden reducir mediante las modificaciones de los equipos, el seguimiento regular del equipo con el fin de detectar y reparar fugas, el uso de sustancias menos volátiles, como los disolventes acuosos, y la recolección de vapores a través de extractores de aire.
  • Partículas sólidas (PS): El polvo o las PS se liberan durante determinadas operaciones, como la quema de combustibles fósiles, el almacenaje al aire libre de materiales sólidos y desde superficies de tierra descubiertas, como carreteras sin asfaltar. Las emisiones se pueden reducir mediante métodos de control de polvo, como toldos, eliminación con agua, aumento del nivel de humedad en los almacenamientos de materiales al aire libre o controles (como cámaras de filtros o ciclones).
  • Sustancias que agotan la capa de ozono (SAO): Algunas sustancias químicas figuran entre las SAO, y su eliminación progresiva está prevista en cumplimiento del Protocolo de Montreal sobre las sustancias que agotan la capa de ozono. Los sistemas o procesos que incluyen el uso de clorofluorocarbonos, halones, 1,1,1-tricloroetano (metilcloroformo), tetracloruro de carbono, hidrofluorocarbonos (HCFC), hidrobromofluorocarbonos y el bromuro de metilo deben ser eliminados progresivamente o no utilizarse, conforme a lo estipulado en los reglamentos nacionales. Estas sustancias químicas se usan normalmente en diversas aplicaciones como la refrigeración, el aire acondicionado, la fabricación de productos de espuma, la limpieza con disolventes, los propelentes de aerosoles, los sistemas de protección de incendios y los fumigantes para cosechas.
  • Gases de efecto invernadero (GEI): De acuerdo con la definición del Protocolo de Kyoto de la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático, los GEI comprenden dióxido de carbono (C02), metano (CH4), óxido nitroso (N2O), hidrofluorocarbonos (HFC), perfluorocarbonos (PFC) y exafluoruro de azufre (SF6). Los GEI se pueden generar a partir de los procesos de producción de una instalación, así como de la producción de la energía (interna o externa) utilizada en la instalación. Las emisiones pueden reducirse mediante mecanismos como el financiamiento del carbono, la eficiencia energética, las formas sostenibles de agricultura y silvicultura, el uso de formas renovables de energía, las tecnologías de secuestro y almacenamiento del carbono, la recuperación y utilización de emisiones de metano en el manejo de residuos y la distribución de energía.
  • Dióxido de azufre (SO2): El SO2 se genera principalmente por la quema de combustibles, como petróleo y carbón, y como producto derivado de algunos procesos de producción química o tratamiento de aguas residuales. Las emisiones se pueden reducir mediante el uso de combustibles alternativos como el carbón con baja concentración de azufre, el diésel ligero o el gas natural, y las tecnologías de control de las emisiones.
  • Sustancias tóxicas (mercurio): El mercurio existe en forma de mercurio elemental, compuestos inorgánicos de mercurio (principalmente el cloruro de mercurio) y compuestos orgánicos de mercurio (principalmente el metilmercurio). Todas las formas de mercurio son tóxicas y conllevan diferentes efectos para la salud. Una de las fuentes principales de exposición al mercurio elemental es la inhalación en el lugar de trabajo. En general hay pocas fuentes de compuestos inorgánicos de mercurio, ya que se ha prohibido mayoritariamente su uso, pero pueden producirse algunos casos de exposición limitada a través del uso de viejas latas de pintura de látex. Entre las fuentes de metilmercurio están los granos tratados con fungicidas y la carne de los animales alimentados con granos tratados.

En la medida de lo posible, las operaciones de un cliente/destinatario de inversiones deben evitar, minimizar y controlar los impactos adversos de las emisiones a la atmósfera sobre la salud humana, la seguridad y el medio ambiente. La generación y la descarga de emisiones a la atmósfera pueden gestionarse mediante una combinación de medidas como la eficiencia en el uso de energía, la modificación de procesos, la selección de combustibles y otros materiales, y la aplicación de técnicas de control de las emisiones. Una institución financiera puede ayudar a un cliente/destinatario de inversiones a determinar áreas en las que se pueden reducir las emisiones a la atmósfera y a determinar oportunidades comerciales relacionadas con el medio ambiente.


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