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Los escapes de estos materiales pueden ser el resultado de actividades de larga data o actuales llevadas a cabo en el emplazamiento, como los accidentes que se producen durante su manipulación y almacenamiento, o debido a un manejo o eliminación deficientes. Se consideran suelos contaminados aquellos que contienen concentraciones de aceites o materiales peligrosos por encima de los niveles de referencia y/o de los niveles naturales.

Los suelos contaminados pueden ser los suelos superficiales o subsuelos que, a través de las operaciones de lixiviación y de transporte podrían afectar a las aguas subterráneas, las aguas superficiales y los emplazamientos adyacentes. Cuando las fuentes de contaminación de los subsuelos contienen sustancias volátiles, el vapor del suelo también puede constituir un potencial de filtración de sustancias contaminantes en los espacios de aire del interior de los edificios.

La contaminación del suelo es motivo de preocupación cuando hay presencia de materiales peligrosos, residuos o aceite en cualquier entorno con un nivel de concentración que puede ser peligroso y donde exista la posibilidad de contacto con seres humanos, fauna, plantas y otros organismos vivos. Esto puede ocurrir cuando los contaminantes migran desde su punto de escape (por ejemplo, las operaciones de lavado en aguas subterráneas potables) y los humanos u otros organismos vivos se encuentran expuestos a los contaminantes (por ejemplo, ingestión o absorción transdérmica). Esto conlleva posibles riesgos para la salud humana (por ejemplo, riesgo de cáncer) y la ecología, y es una responsabilidad de los contaminadores/empresarios (por ejemplo, el costo de las medidas correctivas, los daños que se pueden ocasionar a la reputación de la empresa y/o a las relaciones entre la empresa y la comunidad) o partes afectadas (por ejemplo, los trabajadores en el emplazamiento o los propietarios cercanos).

Se deberá evitar la contaminación de los suelos mediante medidas de prevención y control de los escapes de materiales peligrosos, residuos peligrosos o aceites al medio ambiente. Cuando se sospeche o se haya confirmado que existe contaminación de los suelos durante cualquier fase del proyecto, habrá que identificar la causa del escape no controlado que posteriormente se deberá corregir para evitar más escapes y los efectos adversos asociados. Los suelos contaminados se deben manejar para evitar los riesgos que puedan suponer para la salud humana y de los receptores ecológicos. Esto implica su limpieza para reducir el nivel de contaminación de las instalaciones, a la vez que se evita la exposición de las personas.

En los casos en que la contaminación de los suelos supone un peligro inminente para la salud de los seres humanos y para el medio ambiente, se deben aplicar los métodos apropiados para reducir los riesgos tan pronto como sea posible con el fin de eliminar la situación que plantea peligro inminente. Se deben desarrollar estrategias de mitigación de riesgos basadas en las condiciones específicas del emplazamiento y los objetivos de reducción del origen de la contaminación, teniendo en cuenta la viabilidad técnica y financiera. Con el fin de proteger la salud humana, se debe limitar o impedir el acceso a los emplazamientos contaminados, por ejemplo, mediante medidas de señalización, instalación de vallas o un sistema de seguridad de la instalación. Esto puede exigir también la cobertura del suelo contaminado con suelo limpio para impedir que las personas entren en contacto con el suelo contaminado, la introducción de ciertas plantas a los suelos contaminados o la pavimentación del suelo contaminado, como medida transitoria para impedir la vía de contacto directo.

Las operaciones del cliente/destinatario de las inversiones deben aplicar las medidas necesarias para prevenir derrames de materiales peligrosos, residuos o aceite en el suelo. Una institución financiera puede ayudar a un cliente/destinatario de inversiones a encontrar oportunidades comerciales relacionadas con el medio ambiente.


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