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En el caso de las instituciones financieras, la sostenibilidad tiene dos componentes:

  • Gestión de los riesgos sociales y ambientales: Las instituciones financieras pueden fortalecer su cartera mediante la evaluación sistemática de los riesgos ambientales y sociales de las actividades de préstamo e inversión, con el fin de minimizar los riesgos financieros, de responsabilidad civil y para la reputación derivados de problemas ambientales y sociales.
  • Detección y aprovechamiento de oportunidades comerciales relacionadas con el medio ambiente: La detección de oportunidades para el desarrollo de productos innovadores en nuevas áreas relacionadas con la sostenibilidad conlleva la creación de productos y servicios financieros, que promuevan las actividades comerciales con ventajas ambientales y sociales. Un conjunto creciente de estas oportunidades ha ido evolucionando y engloba la energía renovable, la eficiencia energética, los procesos y las tecnologías de producción más limpia, el financiamiento del carbono y la sostenibilidad de las cadenas de suministro.

Al gestionar eficazmente y conjuntamente las oportunidades y los riesgos ambientales y sociales, las instituciones financieras generan un valor a largo plazo para sus actividades comerciales. Los modelos de negocio que abordan estas dos dimensiones están contribuyendo a que las instituciones financieras se diferencien de la competencia, mejoren su reputación entre los principales clientes y partes interesadas, atraigan nuevo capital y generen la buena voluntad y el respaldo de las partes interesadas a través del aumento de la transparencia.


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